¿Cómo fomentar la autoestima de nuestros hijos?

Uno de los aspectos que a cualquier padre nos inquieta y me atrevería a decir  obsesiona, es lograr que nuestros hijos logren una adecuada autoestima, variable fundamental para desarrollarnos en ambientes donde no tengamos una mano que nos proteja y ayude, condición que por desgracia, tiende a ser frecuente en el mundo que vivimos.

Lograr una buena autoestima depende en gran parte de la imagen que cada uno de nosotros tengamos de nosotros mismos, y muy especialmente de la sensación de eficacia. Si crecemos confiados de nuestras posibilidades y capacidades, el camino hacia una adecuada autoestima es más llevadero. Por el contrario, los fracasos permanentes horadan nuestras expectativas de éxito, y consolidan sentimientos y percepciones negativas sobre nuestras capacidades.

Sin la intención de cargar de una responsabilidad difícil de gestionar a los padres, tenemos que asumir que somos un baluarte fundamental para la autoestima de nuestros hijos. En base a esto vamos a aportar una serie de consejos que nos ayuden a proporcionar una autoestima adecuada a nuestros hijos.

Se un modelo para nuestros hijos.

Ser un modelo positivo es clave para que adopten ciertos hábitos. No se trata de decir algo y luego comportarnos de manera distinta. Si mantenemos una queja constante y somos incapaces de comportarnos de manera responsable, lo más probable es que los chicos imiten esa conducta. Si queremos que nuestros hijos se quieran, es fundamental que nosotros también lo hagamos. Si somos los primeros en mostrar inseguridad, dudas y una actitud negativa y derrotista, allanamos el terreno para considerar el fracaso y la decepción como una constante que asumir más que derrotar. 

Poner límites claros

Las normas, sobre todo en aspectos esenciales deben estar claramente definidas. De ahí que sea importante que sean razonables y coherentes. Las normas generan hábitos que dibujan un marco para la convivencia. Una convivencia serena, tranquila, donde exista confianza ayuda notablemente a construir una adecuada autoestima. Reconducir una situación siempre es más difícil que encauzarla desde el principio, pero tenemos que saber que siempre es un buen momento para hacer cambios en nuestro día a día que nos dirijan a ese objetivo. La autoestima, como otras variables de nuestra personalidad pueden cambiar en cualquier momento, y no tiene por qué hacerlo a peor

Censurar el error, no la persona.

Debemos fijar el error en la conducta que ha cometido, no en la persona que es. Debemos evitar los juicios de valor sobre ellos. En ocasiones queremos que los conflictos se solucionen enseguida, inmediatamente, eso provoca una ansiedad que hace imposible la paciencia necesaria para lograr resultados a largo plazo. Debemos evitar descargar nuestra frustración en nuestros hijos, recordar que la autoestima se trabaja día a día en un contexto rutinario y frecuente. Es ahí donde ellos deben sentirse aceptados y queridos, valorados, con errores y aspectos a mejorar por supuesto, pero apoyados. Es importante que sepan que confiamos en ellos como personas a la hora de afrontar el error.

Valorar el esfuerzo, no el resultado

Plantearnos un objetivo es un reto complicado, intentar llegar a él, superarlo es un camino arduo cargado de momentos difíciles y de errores. Valorar ese camino, el esfuerzo que hemos desarrollado es clave para dotar de sentido lo que hacemos. No siempre se consigue el objetivo, ganar una competición sólo lo hace uno, eso no significa que el resto no lo haya hecho bien o que haya fracasado. Alimentar Con exclusividad el éxito convierte el esfuerzo en algo carente de valor en la derrota. Si dudamos sobre nuestras posibilidades es muy fácil que abandonemos antes de intentarlo, ya que el esfuerzo no tendría sentido. De ahí la importancia de valorar nuestro trabajo, los pasos que hemos dado. Nuestra sociedad tiende a valorar el éxito muy por encima de la intención y el esfuerzo, es importante que en el desarrollo del niño, su familia le enseñe a valorar en los errores el avance, en los fracasos el esfuerzo realizado.

Corregir pensamientos negativos acerca de si mismos

Es de especial importancia que intentemos identificar pensamientos negativos sobre ellos mismos. De especial importancia son aquellas que ridiculizan o atentan a su aspecto físico, o a su capacidad intelectual. Es importante aprender a valorarse a uno mismo, a quererse tal y como es. Para ello debemos construir un autoconcepto realista. Tener una imagen de nosotros mismos alejada de la realidad chocará antes o después con ella. Mantener un autoconcepto demasiado elevado puede provocar una reacción opuesta difícil de contrarrestar. Aprender que siempre habrá personas mejores que nosotros en algún aspecto, pero que eso no nos convierte en fracasados, alienta nuestro esfuerzo y potencia nuestra motivación a la hora de abordar un conflicto. Comprender y asumir nuestras limitaciones nos ayuda a plantear objetivos realistas, objetivos que avanzan poco a poco con nuestras mejoras.

Asegurar un amor incondicional

No debemos chantajear con el cariño, ni utilizarlo como un bien preciado que los chicos deben conseguir. El amor de los padres hacia los hijos no se discute, ni se pierde por las acciones negativas o los errores cometidos. No se trata de que de igual la conducta que tengan, o que debamos admitir conductas negativas, evidentemente debemos recriminarlas y deben existir consecuencias a las mismas, pero nunca ha de ser una consecuencia que el cariño o la confianza hacia ellos se resquebraje.

Incentivar que el niño asuma ciertos riesgos

Uno de los aspectos que debemos tener claro, es que los padres sobreprotectores tienden a criar hijos con baja autoestima. Evidentemente debemos controlar los riegos a los que se enfrentan, pero desde luego debemos permitir que tengan nuevas experiencias que le aporten vivencias con las que crecer. Estas nuevas experiencias le obligarán a adquirir habilidades que sumarán a las que ya tenía. Cuando consiga enfrentarse a ellas y salir con éxito su autoestima crecerá considerablemente. Es uno de los grandes motores de la autoestima, descubrir retos a los que enfrentarse y superar con éxito.

Dejar que se equivoque   

El fracaso es un elemento fundamental para lograr una adecuada resiliencia, ante el fracaso nos rehacemos e intentamos mejorar, descubrimos nuestras capacidades y construimos un autoconcepto realista. Si es nefasto un fracaso mantenido, también es perjudicial evitar el error por sistema, negarlo o maquillarlo como si nunca hubiese existido. En ocasiones para evitar que se equivoquen dirigimos demasiado las acciones de los chicos, lo que les resta capacidad de aprender de manera autónoma. Es importante que reciban el apoyo ante el error, nuestra comprensión, que no convirtamos un fracaso en una pérdida irremplazable. Los niños construyen el mundo en base a una lógica que no es la nuestra. El valor que otorguemos al error convertirá el fracaso en importante o no con independencia de lo acontecido, de este modo errores absurdos se pueden convertir en verdaderos dramas. Debemos tener cuidado con ello.

No exagerar sus logros y sus aptitudes

Inflar la autoestima no es lograr una autoestima adecuada. Como hemos comentado anteriormente, la autoestima se fundamenta en un autoconcepto realista. Es conveniente valorar el éxito basándonos en el esfuerzo, más que en las capacidades innatas de la persona. Por supuesto que debemos animar y decir lo bueno que es, lo mucho que nos gusta lo que hace, pero no convertirlo en el mejor por el hecho de haber metido un gol con siete años. Si elevamos de este modo sus expectativas, es probable que no acepte convenientemente el error, lo que puede llevar al abandono o a la desmotivación temprana.

Pasar tiempo de calidad con él

Es importante ya no estar mucho con ellos, que también, sino que sientan que nos importan, que nos preocupamos ya no solo porque estén bien, sino por saber qué les preocupa, quiénes son, qué desean. Que se sientan escuchados y valorados. No tenemos por qué estar de acuerdo, ni aceptar siempre lo que nos digan, pero si demostrarles que intentamos conocerles porque nos importan. No son importantes para nosotros por ser nuestros hijos, sino por ser ellos. Este aspecto cobra una importancia crucial en la adolescencia, donde la distancia entre padres e hijos puede llegar a provocar conflictos especialmente dolorosos.

Esperamos que estas línea les sirva para reflexionar y les anime y empuje en esa labor tan grata como compleja que es educar.

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